domingo, 11 de mayo de 2008

Pobreza extrema en Estados Unidos

Basándose en las últimas cifras disponibles del censo de Estados Unidos, que datan de 2005, los periódicos McClatchy han realizado un estudio que confirma que el número de norteamericanos extremadamente pobres creció un 26 por ciento ent4re 2000 y 2005. Cifras muy altas para el país que se considera el más avanzado del mundo.

Hablamos de ello con Higinio Polo, doctor en Historia contemporánea.

¿A qué es debido este hecho en un país donde las corporaciones están obteniendo ganancias millonarias?

-No es nada nuevo, porque históricamente siempre ha sido así en los Estados Unidos. El capitalismo norteamericano ha resuelto las épocas de crisis despidiendo a centenares de miles de trabajadores, desviando los recursos del Estado hacia la empresa privada, recortando los programas sociales, aunque una parte haya sobrevivido e incluso se hayan utilizado como instrumentos de relanzamiento de la economía, como ocurrió durante el New Deal de Roosevelt. También, ha respondido con el aumento de los gastos militares y el recurso a nuevas guerras. Eso, ahora, tiene una consecuencia inmediata sobre los trabajadores, recortando derechos sociales, recurriendo al despido de decenas de miles de obreros.

Como usted dice, mientras muchas grandes empresas han conseguido beneficios astronómicos (aunque otras, a causa de una nefasta gestión empresarial, han cosechado pérdidas), para los ciudadanos la situación empeora progresivamente. El IWPR, un Instituto de Investigaciones Políticas sobre la Mujer, de Washington, considera, por ejemplo, que, sin las ayudas del Seguro Social, casi la mitad de las mujeres que superan la edad de jubilación pasarían a ser indigentes. Aunque las dificultades para una buena parte de la población no son nuevas. En un famoso artículo que publicaron hace ya diez años los sociólogos Gunnar Almgren, Avery M. Guest y Jun M. Uses, demostraron que un ciudadano negro sin trabajo de los barrios pobres de Chicago o de Harlem tendría más posibilidades de seguir viviendo en Bangla Desh, uno de los países más pobres del mundo, que en su propio barrio.

-¿Cómo está afectando la caída del mercado inmobiliario en la creación de más pobreza?

-De dos formas: por una parte, muchas familias se revelan incapaces de pagar sus hipotecas, puesto que el servicio de su deuda ha aumentado; por otra, la caída del valor de muchas propiedades y de los préstamos incobrables ha contaminado al resto de la economía, aumentando los desequilibrios y el despido de miles de personas en un proceso que no ha terminado. Pero los problemas son anteriores al gobierno Bush, aunque éste los haya agravado. Hay que recordar que Clinton y su secretario de Vivienda, Henry Cisneros, llevaron a cabo una política de reducción de vivienda pública y de expulsión de los barrios de muchas ciudades de las familias y grupos sociales considerados problemáticos, hasta el punto de que algunos estudiosos han llegado a hablar de “limpieza étnica”, lo que generó en todo el país una mayor marginación de los trabajadores más pobres. Los ghettos de miseria en Estados Unidos, que son desconocidos por la opinión pública europea, son una úlcera sangrante en el país.

En otros casos, como en Nueva Orléans, a la catástrofe del huracán Katrina ha seguido una política neoliberal que ha dejado en la calle, literalmente, a gente que había perdido sus viviendas: sólo se ha proporcionado vivienda nueva a una minoría, y la reconstrucción de la ciudad pretende hacerse a costa de los trabajadores negros, cuyo número se quiere reducir: dónde van a ir parece ser algo que no preocupa al gobierno. Además, los gobernantes pretenden abandonar la idea de reconstruir miles de viviendas de alquiler de los barrios pobres de Nueva Orléans: es una catástrofe más para la población negra pobre. Hay que decir que unas ochocientas mil personas carecen de vivienda y malviven tirados por las calles de todas las ciudades del país.

El coste de la vivienda es un enorme problema social. El diario USA Today publicaba, el 24 de octubre de 2007, que los problemas de la vivienda afectaban a más del sesenta por ciento de la población del Oeste del país y al cincuenta y cinco por ciento de los ciudadanos del Este. La crisis de las hipotecas basura, o subprime, ha agravado esa situación, que, además, está contaminando a otros sectores económicos. En el sector bancario y financiero, Citigroup, Merrill Lynch y JP-Morgan Chase han anunciado que despedirán, o han despedido ya, a decenas de miles de trabajadores.

-El aumento de la extrema pobreza no sólo se da en ciudades, sino que también crece en áreas urbanas y suburbanas. ¿Cómo hay que traducir estos datos?

-Es cierto. Hay que recordar que el propio ministerio de Agricultura de Estados Unidos publicó un informe a finales de 2007 donde se informaba que 35 millones de ciudadanos (casi 13 millones de niños entre ellos), pasaron hambre en 2006. Es un dato escalofriante en un país que pretende ser el más rico y poderoso del planeta. Por eso, perder el trabajo o caer enfermo es, cada vez más, sinónimo de caer en la pobreza, tal vez de la definitiva marginación social. El intento de Bush para que arraigue en los ciudadanos la idea de la posible bancarrota y hundimiento de los organismos que ayudan a los más pobres para privatizar después el Seguro Social es una seria amenaza para el futuro, puesto que tanto el Partido Republicano como el Partido Demócrata comparten una visión social muy similar: ambos difunden la falsa idea de la supuesta autosuficiencia de cada ciudadano que, trabajando duro, saldrá adelante, aunque la realidad social muestra que no es así: la pobreza sigue aumentando. El país es cada vez más desigual e injusto: las estadísticas de 2005 indicaban que el cincuenta por ciento de la población, los más pobres, recibió sólo el 12,8 por ciento de los ingresos totales del país.

-¿Qué programas sociales tiene EEUU, si los comparamos con los de la Europa desarrollada?

Hay muchos, aunque cada vez menos, y se está limitando la protección que dan los que se mantienen. Existen las ayudas para alimentos para las personas pobres, programas de atención médica para niños pobres; también existen decenas de programas de formación para el empleo, algo que se considera básico para salir de la pobreza, etc, aunque, insisto, con el gobierno Bush se han recortado. Por eso, la lógica de recorte de impuestos, sobre todo para los más ricos, que defiende el gobierno está haciendo que se debilite la capacidad del Estado, que consigue una recaudación menor, para ayudar a los millones de personas que están en la pobreza o que pueden caer en ella. Sólo en la ciudad de Washington, la quinta parte de sus habitantes vive en la pobreza.

Según el propio Buró del Censo norteamericano, en 2007 el número de pobres se acercaba a los cuarenta millones de personas, muchas de ellas hacinadas en peligrosos ghettos urbanos y en las zonas degradadas de las grandes ciudades. La sanidad es otro problema sangrante: en todo el país hay unos 45 millones de personas que no tienen acceso a la sanidad. Hay situaciones desesperadas. Por eso, las autoridades de algunos Estados impulsan medidas que en Europa pueden parecer una broma, pero que están dentro de ese “conservadurismo caritativo” del que hablan los portavoces del capitalismo norteamericano. En el estado de Oregón, por ejemplo, se ha organizado un sorteo (¡una lotería!) para conceder diez mil seguros médicos gratuitos, aunque, sólo en ese estado, hay más de seiscientas mil personas sin ningún tipo de cobertura sanitaria.

-¿Qué medidas concretas se están poniendo en marcha en EEUU con respecto a sus ciudadanos para paliar esta situación actual?

Por increíble que parezca, y aunque siguen existiendo muchos de esos programas de ayuda a los más pobres, la política del gobierno Bush en todos estos años ha consistido básicamente en una transferencia de recursos sociales hacia los más ricos. Se les ha reducido los impuestos y la política económica del país ha estado a su servicio. No hay la menor intención en combatir las verdaderas causas de la pobreza, porque eso haría aflorar las enormes injusticias del capitalismo norteamericano, y la política de parches, de transferir la responsabilidad por su situación al propio ciudadano, junto con la ferocidad del sistema empresarial norteamericano hace el resto. Recuérdese, por ejemplo, que muchas empresas norteamericanas se niegan a contratar a personas que hayan cumplido condenas carcelarias, que son millones en Estados Unidos, de manera que, por ejemplo, es muy difícil que un hombre negro joven que haya tenido problemas con la justicia vuelva a encontrar trabajo: su futuro será un ghetto urbano, la delincuencia, la droga, el alcoholismo y, a veces, la muerte violenta. La violación de los derechos humanos es una práctica constante en el país.

-La agresiva política exterior estadounidense, ¿es un modo de desviar la atención fuera de sus propias fronteras?

Sin duda, aunque también la violencia en el interior de los Estados Unidos continúa teniendo unas proporciones dantescas: en 2006, se produjeron en el país 1.400.000 delitos violentos, de forma que es uno de los países más peligrosos del mundo para sus ciudadanos. Unas treinta mil personas mueren cada año asesinadas con armas de fuego. Según fuentes del Departamento de Justicia, el país alcanzó, a finales de 2006, un total de 2.226.000 reclusos, lo que supone la cuarta parte de todos los presos del mundo. Hay, además, millones de personas que están en situación de libertad vigilada. Por añadidura, los derechos humanos más elementales se vulneran con frecuencia en las prisiones. El diario Los Angeles Times informaba el 20 de septiembre de 2007 de que, sólo en las cárceles de California, durante 2006, habían muerto 426 presos por falta de atención médica adecuada. Para personas poco informadas puede parecer una exageración, pero lo cierto es que Estados Unidos se ha convertido en un universo carcelario.

Estados Unidos, además, ha basado su expansión internacional en el recurso a la guerra: es el país que, en el siglo XX y en lo que llevamos del siglo XXI, más agresiones militares y guerras ha protagonizado. Sólo en los últimos años, ha invadido Yugoslavia, Afganistán e Iraq, además de lanzar diferentes operaciones militares en otros lugares del mundo. Es sabido que Estados Unidos gasta más en armamento que todos los demás países de la Tierra juntos: multiplica por diez el gasto militar chino, por ejemplo. Sirve para desviar la atención, pero, además, la guerra es un recurso estratégico de los Estados Unidos.