sábado, 8 de marzo de 2008

DESDE LA LÍNEA ECUATORIAL: VIDA DIGNA, ACUERDO Y DEMOCRACIA.

Miguel Ángel Herrera Zgaib
Profesor asociado, Ciencia Política, Unal
Copartícipe proyecto Otra Movida
e-mail:maherreraz@unal.edu.co

La farsa de la guerra preventiva

“Con los pobres de la tierra yo quiero mi suerte echar”. José Martí.

La movilización general de Colombia, este 6 de marzo expresa el sentido opuesto y completa la marcha del pasado 4 de febrero, de algún modo. Pero, los convocantes de hoy son actores colectivos que no quieren más guerra, a contrario de quienes los precedieron. Contra la guerra están los muchos, las multitudes que padecen la acción paramilitar y los desmanes de la fuerza pública del estado, y la estupidez de los gobernantes que dicen representarlas; las organizaciones y personas que enjuician el régimen para-presidencial por ilegítimo e inconstitucional. Y tod@s los que se oponen al despojo del capitalismo global que explota y desplaza a trabajadores y pobres, aquí y en Cafarnaún.

Ahora, después del sábado, nos unimos los ciudadanos del común en Ecuador, Venezuela y América Latina a engrosar esta demostración global por una vida digna. Toda vez que se han puesto en movimiento tanto la OEA como las cancillerías del Continente para debatir y decidir de modo provisional acerca de la intervención militar del gobierno colombiano en el Ecuador con el apoyo del principal aliado, el gobierno de los Estados Unidos de América, incluidos los candidatos a la presidencia, con el supuesto objetivo de darle muerte a todo costo a Raúl Reyes, miembro del Secretariado de las Farc-Ep, y el principal responsable exterior de la negociación política del conflicto armado. La amenaza para todo el continente es evidente y no sólo para los familiares de quienes estando vivos aún padecen el secuestro y la retención en las selvas de Colombia.

La extensión del estado de excepción con patente de corso en América Latina es ya un hecho inocultable y en apariencia incontestable. Los hedores de una pretendida guerra global contra el terrorismo han comenzado a infestar el continente americano, y enrarecer la verdad desde la línea ecuatorial, sin respeto ni consideración por las normas internacionales y globales. La doctrina de la guerra preventiva, relanzada por los halcones estadounidenses y sus ”think tanks”, después del 11 de septiembre, siembra nuestras fronteras de zozobra y terror, y añade un sábado negro al calendario de inhumanidad que ya cosecha el corto siglo XXI.

Porque la representación política formal de la ciudadanía y las multitudes continentales no se atrevió a contener de modo lacónico y efectivo esta conducta imperial que tanto fracaso cosechó ya, primero, en Palestina, luego en Afganistán, y ahora, día a día, en Irak. Los guerrilleros masacrados en el Ecuador, contra todo patrioterismo, evidencian una victoria pírrica que en lugar de avanzar en materia de paz aúpa con nuevo brío el corcel desbocado de la guerra en el vecindario.

Las poblaciones hermanas de amistades y vínculos ancestrales tienen ahora que asumir la verdadera diplomacia, esto es, el común de la gente, la que padece en carne propia y libra las guerras tiene que poner el “tate quieto” a tanta demencia junta participando con poder decisorio.

El 6 de marzo es un apropiado comienzo, cuando las víctimas y su descendencia, cuando la memoria colectiva en defensa de la vida digna se tomarán las calles y plazas. No para marchar como soldaditos de plomo, sino para deliberar en todas las esquinas del globo, donde haya un(a) colombiano, un(a) suramericana, un ciudadano del mundo sensato, hastiado de tanta brutalidad y salvajismo en defensa de una pretendida civilización capitalista que viene al mundo chorreando sangre, y quiere irse sembrando el desastre por doquier. Se trata de parar en seco a la bestia, con decisión, sin claudicaciones que tengamos que lamentar una vez más en nosotros mismos, en nuestras familias, nuestros amigos y nuestra descendencia.

Los dos extremos y el intercambio

“Es más importante la vida de las personas que un pedazo de tierra”. Gloria Polanco, secuestrada recién liberada.
Esta movilización va más allá de la “condena simétrica a todos los atentados contra la dignidad humana que ocurren en Colombia” que reclama el colega Rodrigo Uprimny, quien al reconocer la existencia de crímenes de Estado, no defiende “la tesis de que en Colombia existe un terrorismo de Estado”, por que infiero que hacerlo implica estar contra todo el Estado y las F.A.

Sin embargo, el sentido obvio del acto del 6 de marzo no es “superar la inaceptable asimetría que los colombianos tenemos frente a las distintas víctimas y a las diversas atrocidades”. El prerrequisito para una verdadera reconciliación entre los colombianos es el desmonte inmediato del régimen para-presidencial.

Después de los informes del PNUD y los hechos de Carimagua tenemos también que manifestarnos, libre y autónomamente, contra la desigualdad y la pobreza que produce el capitalismo glocal con su elenco de pasiones tristes, el narcotráfico y la corrupción. El capital reproduce la ética de la muerte contrapuesta a la vida y la liberación del trabajo. La conducta anticapitalista y democrática es el prerrequisito, sin acudir al repertorio de las violencias conocidas, porque estamos en defensa y por la afirmación de la vida de tod@s. El rechazo de todas las crueldades y atrocidades humanas lo exige.

Ahora bien, cada uno de los bloques enfrentados en la práctica democrática de las movilizaciones, encuentra una definición política partidista cuando éstos caracterizan a los actores principales de la confrontación militar actual: las Farc-Ep, y las Auc y los políticos aliados en Ralito y Antioquia que conforman el regimen para-presidencial documentado de hecho por el estudio de la Fundación Arcoiris.[1] Un destacamento de la sociedad civil denuncia a las Farc como el vector de mayor violencia terrorista, mientras el otro lo hace con las Auc.

Así, la primera marcha convocada por jóvenes Facebook, ciudadan@s masificados, intelectuales y políticos proclives al régimen para-presidencial, nada dijo de las Auc, pero sí condenó a las Farc y el secuestro. La nueva movilización, convocada por el Movimiento Nacional de Víctimas, el PDA, y hasta El Tiempo, extiende su solidaridad con todas las víctimas, pero guardan silencio sobre los vivos; la inmensa mayoría de los pobres y los más pobres, l@s desplazad@s en la desgracia y el despojo de hecho.

La rebelión ciudadana contra la barbarie y el hambre.

“Es un clamor apasionado para que la barbarie termine”. Noam Chomsky.

La marcha de “Un millón de voces contra las Farc” fue dirigida y manipulada por el gobierno y las grandes empresas de de comunicación transnacional que lo sostienen. Ahora, la otra movilización avanza y se organiza en contravía, sin el concurso activo del gobierno, la voz baja y la tinta descolorida los grandes medios nacionales y extranjeros. La rebelión ciudadana del 6 de marzo, movida por la dignidad de Antígona, y la fuerza de las circunstancias, difunde su llama democrática por radio bemba, con el auxilio de la prensa y la radio, y todas las alternativas a su alcance.

Mientras una convocatoria lanzaba un grito de guerra contra las Farc, la otra promueve la denuncia pública del paramilitarismo, armado y desarmado; honra a las víctimas de los crímenes de lesa humanidad, y condena los actos terroristas de los agentes estatales, las autodefensas, y los políticos confabulados en la parapolítica.

Mientras una coalición de sectores medios, gran-burgueses y terratenientes censura los crímenes de las Farc-Ep, los secuestros y “retenciones” de la insurgencia, la otra alianza de capas medias empobrecidas, minorías étnicas e intelectuales, trabajadores y pobres del campo y la ciudad, refresca la memoria de la primera, completando la lista de infamias reconociendo y denunciando los miles de crímenes del para-presidencialismo.

Mientras el frente de la derecha política, dirigido por uribistas y conservadores, repite en forma compulsiva la proclama de la reelección del presidente Uribe, la otra coalición en cabeza del PDA y una fracción liberal de vocación social-democrática la rechaza por ineficaz y autoritaria. Los primeros creen en la solución guerrerista a cualquier costo, en tanto que sus rivales proclaman el acuerdo humanitario.

Sin embargo, el ejército de camisas blancas en movimiento el 4 de febrero nos descubrió a la multitud impotente reducida a masa de maniobra.[2] La otra movida, ajena a la disciplina de los cuarteles, y al terror extorsivo, tiene que cambiar el 6 este libreto. Compartir la potencia democrática de las multitudes en rebeldía contra la muerte y el terror. Salvar la vida colectiva de los halcones del terror paraestatal y de la pastoral neoliberal, que esparce miseria y pobreza a granel, detener el éxodo de 3 millones de desplazados errantes y desemparados en los espacios urbanos.

Carimagua, Exodo constituyente, y Congreso Anfictiónico por la paz.

“Memorias que la historia no olvidó/Palabras que se han ahogado por la verdad/La vida canta fuerte su libertad”. Canción de Sonia Pico, La otramovida.net

El biopoder gobierna, elegido sin legitimidad por votos impuestos con la violencia de las armas del paramilitarismo y la trapisonda clientelista. Este anima una nueva estructura política, el proyecto reaccionario del estado comunitario, cuyos pilares ocultos están ahora a la vista de todos: el orden para-presidencial y la libertad del mercado para los mega-proyectos, que explota la riqueza humana y natural sin garantía alguna para los trabajadores y pobres.

Pero el velo de “la sociedad de propietarios”, preconizada por el presidente desde su primera elección, cayó despedazado por el incidente de la Hacienda Carimagua. Este cínico viraje gubernamental convirtió a los desplazados de virtuales propietarios en reales peones y jornaleros. La propiedad de tod@s, como el poder constituyente que somos, aparece de pronto arbitrariamente destinada por uno, el presidente imperial, a un puñado de grandes consorcios dedicados a la gran agricultura, así como parte sustancial de Ecopetrol la destina a terminar en manos de transnacionales extranjeros, después de la farsa de los cuatrocientos y tantos mil pequeños nuevos socios nacionales.

La rebelión ciudadana, la contra-tendencia bio-política contraría la falsa ética del capital, niega la muerte que multiplica el capitalismo caníbal. La multitud con las mil voces de la diversidad y las minorías quiebra con su polifonía de demandas constituyentes la marcha heterónoma de los siervos de la guerra. Los más, en éxodo callejero, no sólo pueden recuperar el legado reformista del Estado social, sino quienes potencian el sacrificio de los olvidados en las fosas comunes realizando la paz integral, con reformas sustanciales acordadas por tod@s, sin más aplazamientos ni desplazamientos. La acción democrática por la dignidad y la resistencia renueva la historia olvidada, recupera su memoria cuando promueve “las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva” a favor de grupos discriminados y marginados”.

Una fiesta ciudadana constituyente es la que debe fluir el próximo 6 de marzo, más allá de esta polarización aparente. No basta con “una solidaridad igualitaria contra todas las víctimas y una condena simétrica a todas las atrocidades”, como lo expresó el profesor Uprimny. Conviene ahora tomar en cuenta a Javier Darío Restrepo en su columna “Nunca más”: “solidaridad con las víctimas y el rechazo de las prácticas del asesinato…del desplazamiento forzado y del despojo brutal de sus tierras a los campesinos”.

Esta revolución democrática tiene descubierto el antídoto: la negociación responsable, directa del acuerdo humanitario. Es el primer paso, ininterrumpido, colectivo para reinventar a Colombia y dar un alto a los vientos de guerra global. El nuevo gobierno estadounidense no podrá ser más el aliado de la Pax Americana que nos destruye e invalida, sino quien repara los daños causados con su guerra inútil contra las drogas ilícitas, y su codicia bárbara por las riquezas de la tierra. Venezuela y Ecuador pueden ser los socios de una comunidad política y económica binacional hecha desde abajo, sin falsas fronteras; ésta sí hermana y ejemplo en la construcción bolivariana de repúblicas reales del común.

Es tiempo de convocar a un nuevo congreso anfictiónico, sin ruido de sables, conspiraciones o ejércitos mercenarios que espían nuestros movimientos más insignificantes. Un congreso que rectifique el rumbo del continente americano y sirva de emulación para el resto del globo en estos tiempos aciagos y turbulentos: que se levante en la línea ecuatorial donde se ha perpetrado esta acción de guerra, y que recuerde los sueños pictóricos de Oswaldo Guayasamín y las denuncias de Fernando Botero con el respaldo de tod@s, sin más víctimas ni victimarios.

Por la memoria de todas las víctimas, con los cautivos, los pobres, los desplazados, y los expropiados de Carimagua. Despejemos de guerra la línea ecuatorial. Convoquemos un nuevo Congreso Anfictiónico!!!

[1] Ver el libro El 28 de mayo y el presidencialismo de excepción en Colombia. UNIJUS/Unal. Bogotá, noviembre de 2008.
[2] Tal y como lo noveló y analizó el alemán Ernst Jünger durante el curso de la gran guerra europea.